Quisiera ser tu predilecta
almohada
donde de noche apoyas tus
orejas
para ser tu secreto y ser
las rejas
de tu sueño: dormida o desvelada
ser tu puerta, tu luz cuando
te alejas,
alguien que no trató de ser
amada.
Huir de la ansiedad que está
en mis quejas,
poder a veces ser lo que
soy, nada,
no tener nunca miedo de
perderte
con variación y honda
infidelidad,
jamás llegar por nada a
concederte
la tediosa y vulgar
fidelidad
de los abandonados que
prefieren
morir por no sufrir, y que
no mueren.
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Preferí comenzar este blog con un poema de mi querida Silvette. Podría haber elegido a cualquier otra, pero cuando pensé en este blog pensé automáticamente en ella. La señorita Ocampo se ha sabido ganar mi corazón entre sus cuentos y poesías, con un estilo muy propio, como una niña divirtiéndose con las palabras, y eso lo juzgo como admirable. Tal vez, por eso es que desearía que se enalteciese más propiamente su obra, y no tanto por ser la eterna compañera de su esposo, Adolfo Bioy Casares, o la hermana menor de la virtuosa Victoria Ocampo. Mujer que sola se ha sabido hacer de talento excepcional, que en más de alguna ocasión trataré de volver a mostrar.
Por eso.. Honores a mademoiselle Silvette Ocampo.
Y asi comienza todo..
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